Ser diputado no es licencia para insultar

Daniel Nuñez y Cristian Labbé
Daniel Nuñez y Cristian Labbé

Por Daniel Nuñez, Senador (Partido Comunista)

El diputado Cristián Labbé ha demostrado de manera reiterada ser un político marcado por posiciones extremas y una visión ideológica dura, propia de la ultraderecha chilena.

Pero esta vez no fue noticia solo por lo que piensa, sino por cómo actuó. Un comportamiento impropio de una autoridad de la República y, francamente, inaceptable para cualquier persona que pretenda convivir en sociedad.

En el podcast La Cofradía, el parlamentario del Partido Nacional Libertario se refirió a la izquierda chilena mediante insultos, improperios y gestos de carácter sexual. No se trató de una discusión política ni de una crítica ideológica: fue una descalificación burda, ofensiva y gratuita.

El registro se dio en un contexto aún más preocupante: una mesa con consumo de alcohol, un ambiente distendido de "picoteo" y la presencia tanto de jóvenes como de adultos.

Este tipo de conductas ha generado un amplio y justificado repudio. En democracia, las diferencias políticas existen —y deben existir—, pero tienen espacios, reglas y marcos claros. Más aún cuando quien habla es parte del Congreso y tiene responsabilidades institucionales que no puede eludir.

Por eso respaldo plenamente el requerimiento presentado ante la Comisión de Ética por las diputadas Carmen Hertz, Lorena Pizarro, Nathalie Castillo y María Candelaria Acevedo. Ellas han señalado con claridad que se trata de una falta a los deberes parlamentarios y de un discurso de odio dirigido contra un sector determinado de la sociedad.

Resulta especialmente preocupante que el partido del excandidato presidencial Johannes Kaiser continúe amparando este tipo de comportamientos. No es un hecho aislado. Ya ocurrió con el silencio frente a los antecedentes de violencia intrafamiliar del diputado electo por la Región de Coquimbo, Erich Gross, a quien igualmente decidieron respaldar.

A eso se suma la abierta convicción de Kaiser, expresada durante su campaña, de indultar a criminales de lesa humanidad como Miguel Krassnoff. Todo ello configura una forma de pensar y de actuar que se mueve permanentemente en el borde —y muchas veces fuera— de los principios democráticos y éticos básicos.

Esperamos que el presidente electo José Antonio Kast no ceda a las presiones que ejercerán los libertarios para intentar imponer esta manera de hacer política durante los próximos cuatro años. Chile no puede normalizar el insulto, la violencia simbólica ni el desprecio como método de acción pública.